sábado, 28 de marzo de 2015

Siempre he querido escribir, pero siempre he terminado aplazando este deseo. Es decir, soy una especie de escritor frustrado, a pesar de que tengo tantas cosas que contar, que decir, que escribir, y no tomo la decisión. Ahora, que empiezo, me pregunto: ¿y de qué escribo? He ahí el dilema.... cuando alguien se atreve a plasmar en texto lo que siente, piensa u opina, está indudablemente dando un paso trascendental. Está--además de expresando lo que siente y está convencido--afianzando esos sentimientos, esas impresiones, acerca de la realidad que lo circunda.

Muchos son los temas que me apasionan: la situación política del país y de América Latina; el proceso de paz (este es un tema que conozco y me apasiona, porque lo he vivido); el tema de la corrupción; mi vida familiar: mis hijos, mis nietos, mis primos y mis hermanos. Empecemos por el proceso de paz.

Como primera medida, tengo que precisar que no tengo relaciones, ni ideológicas ni afectivas con la guerrilla de las farc. Ésto, porque no quiero que vayan a decir que tengo algún grado de parcialidad. Lo que tengo claro, es que la lucha guerrillera, la violencia de este tipo de grupos armados al margen de la ley, en ningún momento ha sido, ni será una vía expedita para la toma del poder en un país como Colombia. Más de sesenta años de accionar ininterrumpido de este grupo y de otros ya desmovilizados, es una muestra fehaciente de lo inútil de este tipo de acciones. Lo que no se debe confundir con acciones sociales de gran calado, que tengan como norte e inspiración el derrocamiento de un gobierno tiránico y despótico; pero, por lo general este tipo de acciones sociales--no de grupos--tiene un sustento hasta constitucional y convencional. eso es distinto.

Sesenta años de lucha guerrillera, lo que ha traído es desolación y muerte; atraso; enriquecimiento de los grupos de poder que se alimentan de la guerra; ha crecido el número de muertos, de hijos huérfanos, de viudas y madres adoloridas. Por eso, quien--bajo cualquier pretexto--desee o propicie que la guerra continúe, no es más que un irresponsable. La guerra debe cesar, y el país debe estar dispuesto a pagar el costo de esta opción. Que después vendrán otros grupos: es posible, pero ya el Estado y la sociedad colombiana, asumirán un comportamiento ante lo que suceda, pero las farc ya deben cesar su accionar. La democracia lo requiere, lo necesita. Incluso, quienes más necesitan que desaparezca este flagelo de la guerra, son los demócratas; para que nadie, cuando cuestione la corrupción, o critique a cualquier poderoso, se le señale como "guerrillero", que es una especie de estigma, que se impone a quien ose criticar y, con ello, logran desviar el sentimiento crítico de la sociedad.

Estimados lectores: estas páginas estarán abiertas a las opiniones de todos y todas.

Buenos días..

RODOLFO HERNÁNDEZ PULGAR

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